
Hay que acostarse pronto
y no dar mucho la barrila
no vayas a ser tú hoy
el último de la fila.
¿De qué fila?
¿No lo sabes?
La del mundo de los sueños,
la que guardamos todos
seamos grandes o pequeños.
Te voy a contar qué pasa
cuando vamos a la cama
y no creas que me lo invento
porque esto no es ningún cuento.
Cuando vamos a la cama
esperando a la mañana
y la luna nos resguarda
y las estrellas bailan,
se erige en el horizonte
un gran castillo de nácar,
a veces es de oro puro
otras de nubes o platas,
un lugar de mil colores
donde los sueños se guardan,
se almacenan las quimeras
y se divierten las hadas.
El Castillo de los Sueños,
así es como lo llaman,
¿y para qué vamos allí?
Espera, que aún no se acaba.
Allí regalan por la noche
historias a quien las quiera,
las hay para muchos gustos
y se van repartiendo en orden,
sueños chulos, sueños tristes,
sueños serios, juguetones…
y el primero que se duerme
se queda con los mejores.
Leyendas de caballeros,
de príncipes y princesas
de dragones lanza fuegos
y de bonitas doncellas.
También hay saltos mortales,
malabares, volteretas
y leones muy golosos
que juegan con marionetas.
Y bomberos divertidos,
osos y piruletas,
muñecos de trapo, erizos
y postres de nata con fresas.
Caballos relinchadores,
dinosaurios emplumados
juguetes que corretean
y hasta elefantes morados.
Cada cual tiene su sueño
guardado en tarros de esencias
pero hay que dormirse pronto
y llegar temprano a la fiesta.
El primero que se acueste
tendrá los mejores sueños
y ya sabéis que da lo mismo
que seáis grandes o pequeños.
Todos soñamos, todos,
niños, padres y hasta abuelos,
y hacemos fila para entrar
al Castillo de los Sueños.
Javier Fernández Jiménez